Ruego atención, lo que se viene son unas 1.600 palabras, dicen que se pueden leer en unos diez minutos. ¿Alguien se anima o es demasiado para los tiempos de reels que corren? Hoy quiero hablar de que hay quien se cree superior a otra persona porque tiene capacidades diferentes (Por ejemplo: autismo, TDA/H, síndrome de Down, ...). Al creerse
superiores, las tratan como si realmente lo fuesen pero no lo son. De
hecho, nadie es superior a nadie salvo en algunos aspectos: la
riqueza, la estatura, el coeficiente intelectual, la velocidad en los
cien metros lisos, su capacidad dialéctica, etc.
¿Eso
quiere decir que tienen derecho a considerarse superiores
globalmente?
Desde
mi punto de vista, en absoluto.
Hay
quien es capaz de desestabilizar, sin ayuda de nadie, una moneda
(Soros hizo devaluar
la libra esterlina, él
solito, una moneda muy
fuerte entonces, y ganar así mucho poder) pero es posible que no
sepa cantar nanas a sus hijos (es un ejemplo, de Soros no sé mucho
más), o puede que no sepa construir un simple trastero. Eso quiere
decir que el albañil es superior absolutamente a Soros o lo
contrario? Insisto, no. Todas y todos tenemos discapacidades, es
decir, capacidades diferentes y todas son útiles.
El
que alguien se crea superior a otra persona hace que, con
demasiada frecuencia, trate a las y los “inferiores” ya sea
despóticamente o con condescendencia, ambas cosas hacen daño a
quienes lo hacen y a quienes lo sufren.
El
origen de estos comportamientos viene de la necesidad de obtener
energía para sobrevivir. Hablaba hace unos días de las formas que adoptamos para robar la energía a las demás personas
(intimidadoras/es, reservados/as, interrogadores/as y las o los
“pobre de mí”).
Cuando
alguien se comporta con otra persona como superior caben dos
posibilidades (salvo
que quien recibe esa desconsideración sea sabia o sabio):
la de que el/la “inferior” asuma
que es inferior y entonces el problema, normalmente, es que la o el
“superior” abusa y la segunda opción
es que quien recibe ese trato desigual no asuma que es inferior y
entonces lo que se produce es una pelea, más o menos virulenta, para
demostrar a la parte contraria que se equivoca. En esa demostración
pueden sufrirse muchas pérdidas, incluso vidas humanas como en las
guerras.
En
cualquiera de los casos, pierden ambas partes, quien gana la pelea y
quien la pierde. Ambas partes dedican una energía, que podrían usar
para ser más felices colaborando, para dominar a la otra parte. El
resultado es una pérdida global de energía aunque quien “gana”
obtenga beneficios reales o imaginarios (el ego de creerse superior).
Pero
lo que quiero decir
ahora es que estoy de acuerdo con Proudhon en
que
la propiedad privada es un robo.
“¿Qué
es la propiedad? Investigaciones sobre el principio del derecho y del
gobierno
(1840)”.
Más
adelante, quizá, hablaré más en extenso de ello,
por ahora decir que el reparto actual de la riqueza en el mundo me
parece profundamente injusto.
Que
los sistemas de gobierno actuales no tienen nada que ver con la
democracia está muy claro para mí, la mayoría de la gente, la
gente pobre, no tiene prácticamente ninguna capacidad para decidir
quién gobierna, bastante tiene con penar para llegar a final de mes
o alimentar a sus familias.
La
forma de gobierno actual, en cualquier parte del mundo, consiste en
que las élites poderosas deciden quién manda en cada lugar y cómo
lo hace, siempre para que el poder de las élites siga
aumentando.
Cuando
estudiaba el sistema fiscal español, un gran profesor, a quien desde
aquí, y modestamente, pido disculpas por haberle hecho alguna
jugarreta, D.
José Alberto Parejo Gámir, decía que los impuestos tenían
diferentes funciones, entre ellas la de redistribuir la renta y la
riqueza, en eso estoy de acuerdo aunque la realidad me parece muy
diferente hoy. También decía que al establecer impuestos había de
tenerse en cuenta el que no desincentivaran el seguir mejorando o
produciendo mejores bienes o servicios y, en eso, no estoy de
acuerdo.
Él, y otras y otros
hacendistas, decía que la progresividad de los impuestos había de
tener un límite. Él sostenía, y yo estoy de acuerdo, que los
impuestos directos (como el I.R.P.F.) son más justos que los
indirectos porque tienen en cuenta la capacidad de los
contribuyentes, es decir, que el porcentaje de sus ingresos que se ha
de pagar en impuestos ha de ser mayor en las rentas más altas que en
las bajas.
Sin embargo yo opino
que no ha de haber un límite, quiero decir, se debería fijar un
máximo de ingresos totales anuales por persona, más allá de ese
importe (digamos 5.000 euros/mes, aprecios de hoy) todo lo que se
ingresara se destinaría a impuestos.
Ya me imagino las voces
de quienes ganan mucho más que eso. No las van a dar porque saben
que en este momento es imposible, lo más probable es que esbocen una sonrisa condescendiente o una carcajada "ostentórea" como decía Jesús Gil y Gil.
Alegaba el Sr. Parejo,
que si se ponen impuestos demasiado altos, las personas pierden el
interés por seguir mejorando.
Yo no lo creo, imagino
el caso de un gran arquitecto, por ejemplo, Gaudí que no sé qué
ideología tenía pero sí que me parece un genio. Si ese señor
decide que no va a mejorar en su arte porque no le sale rentable
económicamente, me parece muy respetable, puede dedicarse a otras
artes, si quiere, a viajar, a leer o al “dolce far niente”. ¡Está
en su derecho!
¿Que así no se
desarrollaría la arquitectura? No lo creo, aparte del dinero hay
otras motivaciones que servirían para que ese señor, u otro, trabajaran
para mejorar ese arte por el puro placer de crear cada vez más
belleza o bienestar a los demás.
Hay montones de ejemplos de
artistas sublimes que, no por no cobrar nada por su arte,
dejaron de ejercerlo (Van Gogh). Por supuesto que no me parece
deseable que nadie tenga que vivir como Van Gogh pero, si hay un buen
sistema social que sirva para que todas y todos tengamos un ingreso
mínimo vital asegurado, entonces ese señor podría vivir dignamente
y todas y todos disfrutaríamos de su arte. Conseguir ese buen
sistema social puede hacerse a base de impuestos poniendo un tope en
los ingresos máximos de libre disposición para cada persona.
¿Qué es utópico
ahora? Lo sé. Por ideas similares a esta me han dicho muchas veces
que tengo “ideas de bombero”. Todo mi respeto a los bomberos y su
trabajo, de corazón.
En estos tiempos de
enorme avance de la informática que permite el manejo sencillo de ingentes volúmenes de información, sería enormemente fácil conocer
quiénes ostentan volúmenes de patrimonio que yo considero excesivo.
Por ejemplo, para mí sería suficiente con que una familia de cuatro
componentes disfrutara de una vivienda de 250 metros cuadrados como de uso exclusivo. Más allá de eso, se iría todo, y todo es todo,
en impuestos sobre el patrimonio.
Eso sería tan fácil
como que todos los registros de la propiedad publicaran sus datos con
nombres, apellidos y algún código para identificarles (por ejemplo,
el D.N.I.). Así todas y todos sabríamos cuánto patrimonio acumula
cada persona y no se permitiría que fuera privado más que un límite
razonable, revisable y negociable.
Hay otra cuestión que es la de las sociedades por acciones. Cuando las acciones
son nominativas no hay problema, se pueden recoger los datos, muchos
ya lo están, en los registros mercantiles y publicarlos también con
nombres y apellidos. Para conseguir ese control total por parte de
todos, las acciones al portador estarían prohibidas. Igual, al
registro mercantil con datos públicos y un límite razonable a
partir del cual, todo sería propiedad pública de la que todas y
todos podríamos disfrutar.
¡Y eso sería
solamente un primer paso! al final lo que yo propongo (sí, si no lo
han hecho antes, ya pueden llamarme loco, comunista, ácrata, antisistema o lo que
quieran) es que no hubiera absolutamente ninguna propiedad privada,
que todas y todos pudiéramos disfrutar de todos los recursos que
este hermoso planeta pone a nuestra disposición y que algunas y
algunos, en sus enormes miedos, en sus egos, se empeñan en apropiarse
aunque no puedan, ni en diez vidas derrochando dinero, gastar toda
esa riqueza.
Nadie necesita una
finca de 5.000 hectáreas (y las hay mucho mayores) para disfrutar
exclusivamente, no tienen tiempo para estar en ella. Las que conozco
muy cerca solamente son visitadas por sus dueños unos pocos días al
año y sí que sería muy agradable para todas y todos poder dar un
tranquilo paseo en bicicleta por esos lugares tan bien conservados. Nadie necesita una colección de Rolls Royces, ¡solamente pueden conducir o viajar en uno a la vez!
Me dirán que esos lugares se
conservan así porque se han cerrado al paso de la gente para
preservar, por ejemplo, la caza. Estoy de acuerdo con ello pero, si
con el sistema impositivo que proponía antes, se organiza un sistema
educativo realmente liberador para la gente, esos ecosistemas, y
todos los demás, se conservarían.
En fin, que ya sé que
es irrealizable para la semana que viene pero por decirlo no pierdo
nada.
Esto sí que es
mezclar churras con playas fluviales y lo demás, ¡¡tontunas y
bolotás!!
Ruego sus comentarios.