Siento que ahora me voy a meter en un berenjenal del que no estoy seguro que sepa salir.
Consuelo Martín, en su libro "La libertad y el amor" habla de que toda la energía que mueve la creación es el amor. Muchas veces es difícil de creer para mí y para otra mucha gente.
Ella dice que esa energía, el amor, puede adoptar dos formas: amor inconsciente y amor consciente. Al final, dice, es amor.
Por amor consciente se hacen las cosas más sublimes mientras que por amor inconsciente se hacen las mayores barbaridades.
Entonces, me surge la pregunta: Lo que mueve a Netanyahu o a Trump con todo el dolor que causan en el mundo, ¿es también amor? No me lo puedo o quiero creer, para mí ese dolor está originado por el odio, como mucho puedo aceptar que esté motivado por su propio dolor, por su propio miedo.
Hace poco me di cuenta de que todo el dolor que está causando el genocidio en Palestina, por poner solamente un ejemplo, tiene una parte positiva.
Esa parte positiva es que obliga a mucha buena gente, y todos somos buena gente, adormecida por la costumbre, por el ocuparse solamente de sí misma a que nos conduce no pensar mucho en lo que realmente necesitamos para ser felices. Nos obliga a echarnos a la calle a protestar, a cortar carreras de bicicletas, a juntarnos con otra gente que siente lo mismo.
Estamos anestesiados por la publicidad que nos dice que si tenemos un coche mejor que el del vecino o una televisión, o casa, más caras que el vecino, seremos felices, nos obliga, decía, a mostrar nuestra solidaridad con quienes lo están pasando tan mal como que están viendo morir a sus hijos o hijas, a sus padres, hermanos, amigos, ...
Esa sacudida de la barbarie nos obliga a hacer el esfuerzo de dejar la rutina que teníamos pensada para esa tarde o ese día y salir a la calle a encontrarnos con otras personas que están sintiendo lo mismo que nosotros.
Se me ocurre que puede tener que ver con la frase que oí en la iglesia: "Dios escribe derecho con renglones torcidos" y las guerras son renglones ciertamente muy, muy, torcidos.
La mente de un autista como el zarampo ha llegado a ese razonamiento pensando en la huella de abandono que siente. Cómo?
Lo que sigue no es para todos los públicos, no se entiende fácilmente y puede que no lo sepa explicar porque quizá tampoco lo tengo claro del todo.
Siento que mi madre, como he visto hacer a otras muchas madres, me amenazó, casi siempre de forma sutil, con un "Si haces eso, no te voy a querer" muchas veces implícito en un gesto de desaprobación y alguna vez aporreando la puerta y gritando.
Siento que lo hizo desde que nací que, para ella, una vez parido, había terminado con su tarea, que tenía que enfocarse en tener más hijos. Claro, me alimentó, limpió y abrigó, no si ella directamente o pagando a alguien que lo hiciera.
Si un hijo tarda mucho en ser alimentado, en ser cambiado de pañal o en ser abrigado, lo que siente es miedo a morir, miedo real a morir. Entonces aparece la madre, cuando el hijo está muy asustado, le da lo que necesita y lo vuelve a dejar en su cuna "para que aprenda a regularse solo".
Eso crea en el hijo, o la hija, una miedo al abandono que es muy difícil de soportar y superar. Es lo que se llama también indefensión aprendida, el niño siente que depende de su madre para sobrevivir y esa sensación puede acompañarle toda la vida incluso cuando ya es adulto y tiene medios suficientes para hacerse cargo de su vida.
Renglones torcidos para una escritura correcta: el hijo tiene que vencer una enorme resistencia para emanciparse de una madre así, tiene que tener muy claro lo que necesita y no necesita para arriesgarse a ser abandonado por su madre aunque ese hijo tenga ya más de veinticinco años.
El esfuerzo de vencer esa resistencia le sirve al hijo para darse cuenta de que puede sobrevivir sin ayuda de su madre, le sirve para empezar a ser consciente de su propio poder y su libertad.
Entonces, de lo que es un amor inconsciente, el deseo de la madre de que el hijo esté siempre con ella y a su servicio, sale el que el hijo tiene que hacer uso de su poder para seguir su camino que es realmente lo que todas y todos debemos hacer. Es como vencer la resistencia del canal del parto para salir al exterior, lo haces, o mueres.
Bueno, esta coletilla puede que sea meter demasiada información, es propio de los autistas. No me voy a disculpar por eso, quien lo quiera entender que lo entienda, quien no quiera o pueda, que no lo haga, eso ya no es cosa mía.
He leído que los dolores de las madres en los partos que son tan frecuentes en nuestras sociedades, proceden de la resistencia de las madres a romper el vínculo con el hijo, a dejarlo ir. Como no soy mujer no puedo contrastarlo. También leí hace tiempo que las mujeres esquimales, cuando vivían en iglús (no sé cómo les va ahora) y se desplazaban frecuentemente con su clan, parían simplemente apartándose tras un bloque de hielo mientras el resto del clan esperaba, cortaban el cordón umbilical según les había enseñado su madre, abrigaban al hijo y seguían la marcha del clan.
¿Y esto qué significa? Pues allá cada cual con su interpretación y sus juicios de intenciones.
Lo único que yo sé es que mi madre hizo conmigo lo que aprendió a hacer porque era lo normal y lo que estaba bien. Mamá, hoy estoy seguro, me dio siempre, aunque lo he dudado miles de veces, todo, absolutamente todo, el amor de que disponía.
Un abrazo grande, madre y ¡muchas gracias!




