martes, 7 de julio de 2026

De por qué fumo

 

La foto no es buena ni, mucho menos, la calidad del dibujo. A mí también me gustaría tener la mano de un gran pintor pero no la tengo aún, recuerden que me suspendieron el dibujo en segundo de bachiller y todavía, a mis 68, no lo he superado. Esa imagen sale de muy dentro.

Quiero, en primer lugar, agradecer a mi amiga B. que ha leído todo el blog, es para mí un gran honor. Esa alegría ¿u orgullo? por lo que me ha dicho es la que me da la energía suficiente para ponerme a escribir esto. No lo tengo tan elaborado como otros posts pero ¡allá va!

No hace mucho leí que quienes fumamos lo hacemos para recrear una atmósfera en la que nos sentimos protegidos, no sé si es cierto, lo que sí he notado es que muchas veces fumo cuando me siento culpable por algún pensamiento que se me cruza en esta cabecita de autista tdachoso.

Como no se lee fácilmente lo que pone en el dibujo, lo transcribo. Sólo empezar a hacerlo hace que afloren las lágrimas a mis ojos, veré si puedo terminar: 

"Quiero respirar el aire que tú respiras, papá, te lo ruego. No me eches. Quiero sentir el calorcito de tu despacho. El olor de tu tabaco y tu olor.

Cuando vuelvo de la escuela me gusta venir a verte, corriendo y riendo pero tú siempre me echas. Paso por tu despacho al venir de la calle, quiero verte, estar contigo. No te enfades, por favor, no te enfades, no me eches de tu lado, papá."

Se lee muy mal con los ojos llenos de lágrimas, parece que quienes tenemos autismo y TDAH tenemos unos sentimientos muy intensos. No lo sabía, he empezado a dejarme llorar hace unos cinco años, ya saben, es lo de "los hombres no lloran" que tanto daño nos ha hecho a tantos.

Sigo transcribiendo: "Quiero estar aquí, papá, contigo. En esta atmósfera cargada del humo de tu tabaco. Quiero estar contigo, te quiero, te echo de menos. No me alejes de ti. Seré bueno, estaré quietecito y calladito.

Por favor, papá, te lo ruego. También te ruego que no te enfades, me da mucho miedo cuando lo haces. 

Papá, por favor, te lo ruego, déjame estar aquí, a tu ladito, no me moveré, no diré nada, no te molestaré, te lo prometo, pero déjame estar aquí, contigo, no me eches, no me grites, seré bueno, de verdad, seré bueno. Te lo prometo, por favor, no me eches de tu lado, papá. Yo te quiero, papá.

Casa, domingo, 11 de marzo de 2026."

Esa imagen no se produjo nunca, los detalles: Un padre siempre ocupado, demasiadas veces preocupado y enfadado porque los clientes no le pagan, porque le devuelven pedidos grandes de mazapán con cualquier excusa, porque el mazapán hoy no salió tan bien como él quiere hacerlo todo, porque les han embargado hasta la radio por no poder pagar las letras, ...

La caja de caudales marca Silex que no hace mucho abrí buscando una cajita de madera de chopo con restos de lacre, reutilizada de algún envío, y que contenía una colección de monedas de veinte duros de Franco. Por supuesto que no esperaba encontrar ni su cartera, ni dinero ¿o sí? pero esperaba encontrar esa cajita.

Al fondo, tras él, un mapa de España y Portugal, de publicidad del Banco de Bilbao. La mesa de madera de castaño que he conservado hasta hace unos meses. Aún está por aquí la carpeta que tenía sobre esa mesa, con un papel secante de color rosado, sobre el que escribía sus cartas y en la que dentro aún está el título de bachiller de mi querida hermana mayor.

Tres sillas a juego con la mesa. En una de esas sillas estaba yo cuando papá y el padre Antolín, un amigo de la familia, decidían sobre mi futuro diciendo que era mejor que fuera a estudiar a la Universidad Laboral de Zamora cuando mis amigos, y mi querida segunda hermana, iban a la de Toledo. Me dolió que me apartaran pero creo que papá, como siempre, hizo conmigo las cosas con todo el amor de que disponía en cada momento.

Un archivador con los expedientes de los clientes y, no sale en el dibujo, un mueble vitrina del que también me deshice, entre lágrimas, en enero pasado, lo quemé en la luminaria de san Antón. Sabía que alguien vendría, una mujer, y me diría que no lo quemara; así fue, ella pasó en su coche y paró, me dijo que se lo regalara, que ella lo quería, que era muy bonito. Le dije que sí, que era una preciosidad pero que tenía que quemarlo. No me arrepiento, tenía que hacerlo. En ese mueble había una especie de enciclopedia, como ocho tomos grandes, con portadas azul oscuro, que contenía las direcciones de todas las empresas de España.

 

Y, bueno, está bien por hoy. Ya he llorado un rato, estoy bien y tranquilo. Ahora es momento de seguir ¡nos vamos a la huerta! es la de la portada actual del blog. De la otra huerta, la de papá, quizá también escriba algún día.

¡Os abrazo!
 

 

 

 

 

 

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