En un lejano reino de Oriente hubo un depredador. Era tan presuntuoso que impartía lecciones sobre cómo serlo, con montones de faltas de ortografía, pero presumía. Dio un manual completo de cómo actuar para hacerse con la energía de los demás. Conocí a alguien que lo sufrió durante quince largos y duros años. Nadie sabe en qué estado salió de ahí.
Los tiempos están convulsos y parece que es el miedo lo que va a ganar la partida final, en estas circunstancias es muy fácil depredar, la gente tiene ya muy poca energía, los poderosos se hacen con ella a través de los medios de incomunicación, trabajos precarios y competencia salvaje. Es el caldo de cultivo ideal para los depredadores y las depredadoras.
Depredar es apropiarse de la vida.
El dogma de un depredador: Conseguir gangas entre los emocionalmente rotos.
Es preciso investirse de sabiduría, utilizar siempre un lenguaje técnico y abstracto para poder desviar la atención en cada momento. Busca los marcos en los que demuestres superioridad. La perversión fascina, da miedo y, por tanto, poder.
Saca tu energía del dolor que te ha proporcionado la vida, es un filón para justificar tu maldad.
Elige a las personas más sensibles y vulnerables, las candorosas, las aisladas, las ingenuas, las que han tenido una educación represiva o las sexualmente eficaces. Son las más fácilmente manipulables. Te lo darán todo a cambio de migajas.
Algunas víctimas buscan la comunicación escrita, ¡ilusas! Nunca contestes pero, si decides hacerlo, nunca te refieras a su mensaje, contesta con vaguedades, alusiones al pasado, pon en su boca cosas que no ha dicho, interpreta sus intenciones a tu modo, hazle sentir culpable e incapaz. Sé dogmático. Eso engancha.
Separa a tu víctima de su entorno, no permitas que tenga apoyo psicológico ni legal. Ataca su identidad, su autoestima, amenázala con el abandono. Abusa sexualmente de tu víctima, para eso es tuya, haz que sea adicta al sexo violento traspasando los límites de todas las parafilias. Desprecia su ejecución sexual y luego déjala sola, despréciala.
Para que no pueda haber curación posible has de privar a tu víctima de memoria, anular su pasado, su presente, su futuro y toda posibilidad de arreglo. No permitas que reúna de nuevo sus trozos, espárcelos tan lejos como puedas.
Así te sentirás poderosa o poderoso pero nunca serás feliz. Serás un alma en pena mientras no cambies de forma de obtener tu imprescindible energía.
"Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida" (Silvio Rodríguez)

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